viernes, 5 de febrero de 2016 | By: Annie Rivière
Hoy estoy escribiendo porque no puedo, no porque puedo.
Estoy en un punto de mi vida en el que poseo -ya no es un sentimiento- sino el convencimiento que he perdido todas y cada una de las múltiples capacidades que alguna vez tuve. No soy más que una sombra de quien fui.
Y es frustrante. Es frustrante verme en la etapa más mediocre de todo mi vida (esa es mi palabra favorita, últimamente), con todos los dones que el Señor me brindó, desperdiciados. Y mirando hacia atrás, aún no veo claro en qué momento todo se perdió.
Me leo, y leo a una niña. Me edito, y ni en eso tengo éxito. Me juzgo, y no me encuentro nada.
Más vacío.
Qué desesperante. Solía ser una persona terriblemente compleja. Tanto así que ni a mí misma me parecía sencillo entenderme. Y me gustaba esa complejidad en mí, pero ya ni eso tengo.
Hoy estoy escribiendo porque ya no sé hacerlo y porque debo volver a aprender . Hoy estoy escribiendo porque ya no tengo vocabulario. Hoy estoy escribiendo porque, a pesar de que no sé hacerlo, es lo único que puedo hacer. Todo lo demás que me acompañaba, hasta la esperanza que viene con la juventud, ya la perdí.